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25 April 2005

No me importabas

La mesa ya casi estaba lista. Sentados los más pequeños en ella, el padre terminando de firmar unos papeles en el estudio y la madre terminando de servir la comida, solo faltaba Lorena. La madre la llamó como era costumbre para comer; Pero Lorena ponía tan fuerte la música que pocas veces la escuchaba a su madre, y casi siempre ella tenia que ir a buscarla a su cuarto que quedaba subiendo las escaleras. Su padre ya le había dicho demasiadas veces que no quería ese nivel de música en la casa y que no era bueno para ella, ya que terminaría quedando sorda, pero ella no hacia caso, y la madre lo único que decía ante el comentario del padre era que todos los chicos de esa edad escuchaban la música a ese volumen, que la dejara, que ya se le pasaría.
Lorena tenia 15 años pero no parecía el tipo de chica que su madre creía que era. Ella la veía como ha una chica que esta pasando por esas etapas de la adolescencia, en las cuales varían los gustos de ropa y música. Creía que el hecho de que Lorena usara la ropa ancha, toda color negra (no tenia otro color de ropa en su armario), las uñas negras, el pelo negro (anteriormente ella había sido rubia), aros por toda su cara y cuerpo, y que escuchara música metal eran solo una manera de manifestar que estaba cambiando, que ya no era una niña y que quería llamar la atención. Pero no era así. Los psicólogos le habían dicho a Carmen, la madre de Lorena, que creían que la niña estaba intentando llamar la atención, y le pidieron a ella que intentara ser mas apegada a su hija. En ese entonces Lorena solo usaba ropas oscuras, pero no mostraba indicios de querer volverse dark para nada. Carmen intentó hacer cosas con su hija para pasar mas tiempo juntas, pero se dio cuenta que Lorena no soportaba esas salidas y esas cosas que la obligaban a estar mas tiempo con su madre, y decidió dejar de hacer cosas para incluirla. Ya ahí Lorena se había modificado completamente. No intercambiaba palabras con su madre ni con ningún otro integrante de la familia. Pasaban horas sin verle el rostro a ella, pero sabían de su presencia por la música. Ruidosos sonidos provenientes de su oscura habitación daban a conocer que Lorena se encontraba allí. No tenía amigos, así que salía de ahí solo para ir al colegio. Allí también habían optado por dejar de intentar unirla al grupo. Lejos de tener alguna relación social con algún compañero del colegio, se sentaba en el último banco del aula, se colocaba sus auriculares y escuchaba música. Las profesoras tampoco intentaban unirla al grupo, de hecho, la ignoraban.
Pero cuando Carmen subió esa noche hasta la habitación de Lorena para hacerle saber de la comida, algo la hizo parar en seco. No se escuchaba música. Ningún sonido salía del lugar. Comúnmente, cuando Lorena apagaba un rato la música, hacia sonidos, ya sea golpeando cosas, o con la guitarra (regalo por parte del padre hecho hacia 2 años, cuando intentó enseñarle a tocar). Pero su madre no escuchaba nada. Luego se le vino a la mente que podría haberse quedado dormida, pero sabia que Lorena no apagaría la música para dormir, porque hasta cuando dormía, ponía la música, en un volumen muy bajo, pero la ponía al fin.
Golpeó una 3 o 4 veces mas, pero no hubo respuesta. Carmen nunca había entrado allí, Lorena no se lo permitía. Desesperada, abrió la puerta y se encontró con algo que la hizo gritar muy fuerte. Sobre el suelo había un charco de sangre que gotiaba desde la cama. Y en esta, tendida, se encontraba Lorena. Tenia su piel toda lastimada, y en su muñeca, un corte recto.
Carmen lloraba del dolor sobre el hombro de su marido. Y entonces lo vio: las paredes. En ellas, escrito reiteradamente con tinta negra en todas direcciones, las palabras muerte y "te odio"; y en el centro de la pared de espalda a ella, un mensaje que decía: "Tu crees que esto es una etapa, pero no lo es. El día que leas esto, estaré muerta. Crees que hago esto porque quiero tu atención. Pues no, no me interesas tu ni esta patética familia. Lo hago porque me gusta. Porque no le encuentro, ni le encontrare sentido a mi vida; porque se que sin su amor no soy nadie y no valgo nada. Él era el único al que yo le importaba y le significaba una persona. Pero para cuando leas esto ya habré tomado una decisión. Y no creas que lo hubiera podido superar con tu ayuda, porque te busque para hablar, cuando todavía me importabas, pero no estabas. Y cuando te encontré, me dijiste que no tenias tiempo. Siempre que quería hablarte no tenias tiempo, o estabas ocupada con otras cosas mas importantes. ¿Más importantes que tu hija? Ahora no llores, porque no quiero tus lagrimas. No te importe y ahora tu no me importas. Lo siento. Adiós"; estaba destinado a ella.

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