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05 June 2005

Cuento policial

Nos habian llamado por un caso. En realidad lo habian llamado a él, pero él siempre queria que yo lo acompañara. Y asi lo hice. Yo lo acompañaba y le cuestionaba todos sus movimientos. Raras veces se detenía a contestar mis preguntas, y cuando lo hacía, daba explicaciones que yo no llegaba a entender. Durante las investigaciones, solía decir palabras sueltas, o frases como "lo suponía"o "me lo temía", pero nada mas.
Esta vez el problema se ubicaba en una pequeña casa, en la cual vivía una chica llamada Lorena. Tenía 23 años, era soltera y nueva en la ciudad de Londres. Estudiaba medicina y tenía un trabajo de medio tiempo en un restaurant bien reconocido de la ciudad.
Llegamos a la casa. Esta era una casa con varios años de antigüedad,ubicada a las salidas de la ciudad, pequeña, y con ventanas a sus costados y al frente. En el exterior, se encontraba un camino de tierra, en el cual, dado que un par horas antes había llovido, nuestras pisadas quedaron marcadas. Entramos en la casa y mi amigo, Jess Bishop, pidió permiso a los policias que allí se encontraban buscando pistas, para poder comenzar su investigación. Dio una mirada general al lugar, deteniendo la vista en diferentes puntos, en los cuales no se encontraba nada que pudiera dar a concer quien habia sido el responsable.
Luego de observar por tercera vez el lugar, las manchas de sangre y los vidrios rotos cerca de una ventana que daba al costado de la casa, entre demás cosas, Bishop le preguntó a los policias jefes del caso de que se trataba la situación. Le explicaron que, alrededor de una hora y media atras, un vecino habia llamado a la policia, porque había escuchado serios forsejeos en el interior de la casa, pero que no se habia animado a asomarse para ver de que se trataba. Tambien le explicaron como la policia habia llegado a los pocos minutos de la llamada y que se habian encontrado con el cuerpo de una chica tendido en el interior de la casa. En ese instante, Jess pidió de ver el cuerpo de la chica.
Fuimos conducidos por un pasillo estrecho hasta una habitación bien iluminada. En esta se encontraba una camilla de hospital y el cuerpo sobre la misma. El cuerpo de la joven se encontraba con numerosas cortaduras en el cuello. En sus brazos y piernas, moretones. No quedaba duda de que esto no se trataba de un suicidio.
Le pregunté a mi amigo si tenia idea de quien pudo haber hecho tal cosa, pero, como siempre, no respondió. Luego de inspeccionar cuidadosamente el cuerpo, volvió a la sala. Tanto los policias como yo lo seguimos. Se dispuso a observar ciertas marcas de sangre que se encontraban en la pared y en el piso. Luego, salió al exterior de la casa. Era una tarde fresca.
Inspeccionó cuidadosamente las pisadas en la tierra. Saco un centimetro de uno de los bolsillos de su saco y comenzó a medir. Luego fue hasta el coche en el cual habíamos llegado y el cual estaba estacionado en el camino de tierra junto con el coche de los policias y continuó midiendo. A los minutos guardó el centímetro y saco un anotador y una lapicera de otro de sus bolsillos. Hizo anotaciones de todo tipo. Lo mirabamos sin entender. Al poco tiempo se acerco a nosotros y nos dijo que el que había producido el asesinato se trataba de un hombre, de unos 30 años, alrededor de un metro ochenta de altura y que se había movilizado en coche antes y despues de haber asesinado a la chica.
Luego de explicarnos todo, se dirigió a la puerta de entrada de la casa y tomó un pedazo de tela cubierta de sangre que había enganchada en un clavo sobresalido el cual estaba oxidado. -Más adelante le preguntaré como lo descubrió- pensé. Guardo el pedazo de tela y se dispuso a observar la cerradura. - No ha sido forzada- dijo mas para si mismo que para nosotros, pero llegamos a escucharlo. Los policias a mi costado soltaban risas, pero eran estas solo de ingenuidad. Se dispuso entonces a ingresar a la casa nuevamente. Tenía la mirada fija en el suelo, como sabiendo que debía encontrar algo que no había visto en las primeras revisiones de la casa. Y asi fue. Sacó una pinza de su saco y, agachandose, tomó del suelo unos dos o tres pelos marrones cerca de lo que eran gotas de sangre. Los colocó en una bolsa para evidencias. Se levantó y, apurado, me dijo que ya era hora de irnos. Apresuradamente se despidió de los policias, quienes en este momento claramente creían que estaba loco, y aunque yo tambien lo pensaba, no pude no enfadarme ante sus risas. Nos subimos al auto, y manejó él. - ¿A donde nos dirijimos Jess?- le pregunté. - Al hospital de la ciudad- me respondió. No pude entender porque nos dirigiamos allí con tanta prisa, pero no quise seguir preguntando. Cuando llegamos, Bishop bajó del auto e ingreso en el edificio con paso apresurado, conmigo corriendole atras. Se acercó a administración y preguntó por un hombre de un metro ochenta de altura, cabello oscuro y severamente lastimado en la pierna y manos, posiblemente a causa de un accidente. La recepcionista le dijó que el hombre estaba siendo atendido por un médico y que si eramos parientes. - No -contestó Jess- simplemente necesitamos hablar con él. -Un enfermero los guiará hasta donde se encuentra, y ahi deberan esperar- explicó la recepcionista, y a continuación, nos indicaron por donde debiamos ir. Al llegar a la puerta del consultorio, un hombre con una rotura en la pierna derecha del pantalón, y las manos vendadas, salía del mismo. - Alto- dijo Jess- Y llamen a un guardia. este hombre debe ser detenido por asesinato-. Y a continuación Bishop sacó de su bolsillo el trozo de tela y las muestras de pelo. - ¿Por qué?- preguntó mi amigo simplemente. El detenido estaba nervioso. No sabía que responder. Se refregaba las manos, y tenía intenciones de llorar.- ¿Por qué? ¿De donde la conocias?- volvió a interrogar Jess.Al final, contestó: - No era a ella a quien quería asesinar yo. No se suponía que estubiera en esa casa. Yo buscaba a alguien más. Pero no pensé en la posibilidad de que se mudara. Entre desesperado, quería acabar con esa mujer. Simplemente la vi, y sin pensarlo, la maté.- Y se calló. Para ese entonces, en el lugar se encontraban tres oficiales, los cuales, al escuchar la declaración, no dudaron y se lo llevaron. Entonces miré a Jess, a mi amigo, y le pregunté: -¿Cómo has hecho para darte cuenta?- Estaba sorprendido. Fue tan rapida su conclución, que necesitaba saber como había hecho. - Muy facil, mi amigo. Las pequeñas gotas de sangre que había al entrar en la casa provenían del corte, el cual era muy profundo y necesitaba ser atendido urgentemente, hecho en la pierna derecha del hombre cuando se disponía a entrar en el lugar. Al entrar, se agachó para verse la pierna, y unos pocos pelos calleron de su cabeza. La altura y y la edad, las saque por el tamaño de las huellas que habían en el barro, y la distancia entre ellas. Lo demás, intuición, amigo mio. Por algo tengo esta profeción.- Y con una leve sonrisa, se quitó los lentes, tomó un paño de uno de sus bolsillos, y comenzó a limpiarlos.
Y así fue como mi amigo resolvió otro caso. Y así fue como nuevamente, me dejó sorprendido.

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