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06 January 2006

Life without love isn't life . . .

-¿Entonces...- comenzó a decir una voz femenina- a las 8 en casa? ¿Seguro que terminarás para esa hora?... ¡Que bueno ! ... Entonces te espero a las 8 para cenar, amor... No no.. no te preocupes, yo ya compré la bebida. Tú solo ven puntal, si?... Ok, te espero. Cuidate...Te amo. - colgó.
Lorena era una muchacha de unos 26 años; Morocha, de unos bellos ojos verdes y una piel muy blanca. Estaba enamorada. Joshua era el hombre por él que ella vivía. Ya hacía tres meses que vivían juntos, tras haber estado saliendo durante dos años. Hacían una hermosa pareja, siempre se lo hacían notar las personas con las que se relacionaban. Él era abogado. Ella, estaba cursando su 2º año de letras. Quería ser profesora de literatura; Siempre había soñado con enseñar. Además, tenía una fascinación con los libros y la escritura. Amaba ponerse a escribir, una vez entrada la noche. Todos sus escritos, marcaban un lado de Lorena que no muchos conocían. Aquí, se podía ver que el corazón de esta muchacha era puro, y que el amor que sentía por Joshua era inmenso.
Dejó el telefono, y se dirigió a la cocina. Ya había colocado la carne en la fuente, rodeada ésta por verduras varias. Prendió el horno, y tras esperar unos 15 minutos hasta que éste se calentara, introdujo la comida. Todavía tenía mucho tiempo hasta que Joshua llegara, por lo que puso el fuego suave, para que todo se cocinara despacio.
Ya había tomado un baño, más temprano esa misma tarde, y su pelo ya había sido arreglado, así que solo le faltaba vestirse. Se dirigió a su dormitorio. Éste, contaba con una cama de dos plazas, la cual compartían los dos enamorados. Ya había colocado la ropa que usaría esa noche, sobre la cama. No demoró mucho. 20 minutos más tarde, ya se encontraba completamente vestida, con el maquillaje colocado sobre sus parpados, labios y mejillas.
Volvió a la cocina. Abrió la puerta del horno, para comprobar que la carne se asaba correctamente. Fue al comedor, y preparó la mesa. Luego de colocar la vajilla, fue hasta su cartera y sacó de ella unas velas blancas muy delicadas, que colocó en los candelabros que, previamente, había posado sobre la mesa. Una vez que se terminase la comida, todo estaría listo. Sólo faltaba él.
A las 8 la comida ya estaba lista. Lorena fue a la cocina, tomó la botella de vino y la llevo hasta el comedor. Justo cuando terminaba de apoyar la botella sobre la mesa, llaves se sintieron en la puerta. - Increible ! - susurró la muchacha. Joshua había sido puntual. Pudo escuchar como abría la puerta, cruzaba a traves de ella, colocaba su portafolio sobre un mueble ubicado junto a la puerta, y la cerraba. Pero no se escuchó que le diera vueltas a la llave. - Luego iré a cerrarla - pensó Lorena.
Parada junto a la mesa se encontraba la enamorada, cuando Joshua apareció por el marco que separaba el comedor del living.
- Amor! - Corrió a abrazarlo. Durante este acto, pudo oler el cuello de su amado, todo perfumado; Ese olor la volvía loca.- Fuiste puntual - Posó sus labios sobre los de él, pero fue un beso, no como los de siempre... Lo sintió diferente. Se limito a preguntarle si le sucedía algo, a lo que miró a la mesa y dijo: - Estoy cansado, es todo. Cenemos.
Mientras Joshua se sentaba a un lado de la mesa, en su lugar de siempre, Lorena fue hasta la cocina. Abrió el horno y sacó de él la carne asada, junto con las verduras cocidas. La comida lucía exquisita. Tomó la fuente con un trapo, para no quemarse, y se dirigió hacia la mesa. Tras apoyar la bandeja, sirvió un poco de comida en cada plato y se sentó. Joshua se encargó de destapar la botella de vino. Comieron tranquilamente. Él le contó como había estado su día, y ella le comentó sobre la nueva clase que había iniciado ese día en la universidad. Una vez finalizada la cena, Lorena recogió los platos, los llevó hasta la cocina y al volver a la sala, se encontró a Joshua parado junto a la mesa.
- ¿Pasa algo amor?- le preguntó dulcemente.
- Debemos hablar- contestó Joshua- Sientate.
Ambos se dirigieron al living, y se sentaron en un sofá muy placentero que había en un sector de la habitación.
- ¿Qué sucede Joshua?- Comenzó a notarse un tono de preocupación en la vocesilla dulce de Lorena.
- Lamento tener que decirtelo así, pero no sabía de que otra forma hacerlo. Ni en que momento. Considero que este es el más prudente para hacerlo- Joshua nunca había hablado tan serio. Lorena simplemente no dijo nada, se disponía a escuchar. Temía lo que su amado fuera a decirle.
- Sabes que estos dos años que hemos compartido juntos han sido los más especiales que hemos podido vivir. Pero... - Los oidos de Lorena, repentinamente se taparon. Solo veía. No podía articular la boca, ni oír lo que Joshua pretendía decirle. La audición iba y venía, permitiendole así escuchar solo algunas pocas cosas. Pudo oír como él hablaba de otra chica, de amor, de perdón. Pero no entendía. Lorena estaba quieta, intentando procesar las pocas palabras que captaba, intentando armar algo lógico en su cabeza. Lo único que venía a su mente, era que la estaba abandonando. Pero no, eso no podía ser. Él la amaba, siempre se lo decía. ¿O esa era ella? ¿Acaso él no le decía más que la amaba?. No... Lo había escuchado, lo recordaba bien. Noches atras, abrazados en la cama, él le susurró esas bellas palabras al oído. ¿Entonces, que era lo que le estaba diciendo? ¿Por qué le besaba la frente? ¿Por qué tomaba su abrigo, y tras ponerselo, comenzaba a caminar en dirección a la puerta? ¿Por qué tomaba su portafolio, y abría la puerta, que momentos antes había dejado sin llave? Lorena simplemente no entendía. Solo varios minutos despues de todo esto, ella pudo despertar de ese sueño al que había ingresado, cuando Joshua comenzó a hablarle. Su mente reaccionaba. Las palabras que mientras fueron dichas no habían sido registradas por su cerebro, ahora retumbaban dentro de la cabeza de la chica. Era verdad, la había abandonado. La había dejado por otra mujer. Lorena, había sido dejada por quien, ella creía, la amaba. Ahora estaba sola. No tenía nada; no tenía nadie. Reaccionó casi sin pensarlo, y se dirigió a su habitación. Abrió el cajón de la mesa de luz, y tomó una pila de papeles, los cuales comenzó a romper mientras lagrimas rodaban por sus mejillas coloradas. Eran cartas de él. - Puras mentiras - gritó Lorena, tras encontrar en una de esas cartas un visible te amo.
Ya no podía seguir. Sentía una opreción en su pecho. Su corazón, latía a mil. Quería sumirse en un sueño eterno, y no volver a despertar. Quería hundirse en la oscuridad de la noche. No quería volver a ver ni luces ni colores, ni quería oír nuevamente los sonidos cotidianos. Quería, simplemente, dejarse llevar por el camino de los sueños. Allí, él todavía sería suyo, todabía la amaría y nunca la dejaría por nadie. Abrió el segundo cajón de su mesa de noche, y sacó de él una tableta de pastillas. Eran rosadas y, por las indicaciones que contenía la cajita, con media de ellas lograrías alcanzar un placentero sueño durante la noche. -Pero.. ¿Cuántas serían necesarias para alcanzar el sueño eterno?- pensó Lorena. A continuación se dirigió a la cocina, abrió el grifo y se sirvió un vaso con agua. Con él fue nuevamente hasta su habitación, se sentó en la mitad de ésta y, con la tableta de pastillas en la mano, fue tomando una por una, hasta terminarselas todas. Eran pequeñas, por lo que le resultó facil tomarlas. Éstas eran bastante eficientes, así que al cabo de unos minutos, las primeras ya comenzaban a hacerle efecto. Comenzó a sentir que la sangre en su cuerpo aceleraba el paso, y que su corazón bombeaba más fuerte de lo normal. Sus parpados se volvían más y más pesados, por lo que le resultaba en vano intentar mantenerlos abiertos. Su boca se secaba cada vez más y la opreción en su pecho se volvía mayor. Había dejado de llorar; su mente se encontraba ahora al tanto de las mil sensaciones por las que su cuerpo estaba atravezando. Cerró completamente los ojos, al igual que la boca. De repente, la cabeza se volvió pesada y difícil de mantener en el aire, y como si una mano la hubiese empujado hacia el suelo, quedó tendida sobre éste. Cómo hubiera deseado que Joshua estuviese ahí, pero él no la amaba, se lo había dicho, por lo que era imposible que él cruzara la puerta a socorrerla. De todas formas, no necesitaba ayuda. En sus escritos, ella había dejado bien en claro su forma de ver el amor, y sabía que el día que él no estuviera, ella dejaría de vivir, y comenzaría a soñar con la vida que hasta ese momento, había ido llevando con su novio.
Pero, esos sueños no llegaban, y la vida iba desapareciendo de su cuerpo. Podía sentir como éste se iba relajando hasta el punto en el que ya no lo podía sentir. Pero eso era lo que ella estaba buscando, era lo que ella deseaba: dejar de existir. Al final, no tenía nadie que la amase. Todo este tiempo había sido engañada, creyendo así que él la amaba y nunca la dejaría; Todo fue mentira. Y dejando que aquellas pastillas terminaran de producir todos los efectos que debían hacer ocurrir en ella, Lorena, poco a poco dejó de vivir.

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